La crianza de trillizos es como
gestionar un cuartel, todo tiene que estar ordenado en el espacio tiempo para
evitar la guerra. Y dentro de esta vida cuartelaría guarda especial
complicación el momento del baño.
Para empezar hay que partir de la convicción de
que los bebes más que bañarlos hay que remojarlos, porque sino este momento del
día nos ocupa demasiado tiempo y eso no nos lo podemos permitir. ¿Por qué?
sobretodo porque el primero comenzará a tener hambre en cuanto lo saquemos del
agua, y si nos demoramos en los otros dos no tendremos tímpanos para aguantar
el tirón de esta hora feliz.
Así que, después de muchas
pruebas y de descubrir, como decía Edison, mil maneras de cómo no se debe bañar
a tres bebes, hemos dado con la fórmula más cómoda. Nosotros comenzamos
bañándolos en el lavabo, por una cuestión de tamaño. Al principio son tan
pequeños que es más cómodo hacerlo así. Luego…luego lo intentamos de todas
maneras.
Compramos una bañera-cambiador
con ruedas (detalle éste muy importante) y la instalamos en el baño. La
experiencia no fue satisfactoria, sobretodo porque no hay baño lo
suficientemente amplio como para albergar un mini balneario improvisado donde
quepan tres bebes en sus hamaquitas o si me aprietas, en cualquier soporte, la
ropita, la bañerita y el o los adultos encargados de la faena. Y, bueno, comentario
aparte merece el eco que tienen los baños para semejantes tenores. Descartado.


Luego optamos por dejarlos en el
cuarto e ir llevándolo uno por uno al baño, pero el trasiego podía enfriarlos y
siempre exigía de dos adultos, cosa que en mi caso, casi nunca se da.
Descartado. Así que dimos con la clave. Eureka¡. Trasladamos la
bañera-cambiador al cuarto, los dejamos en la cama con toda la intendencia ya preparada
sobre ella (toallas, pijamas, cremas, pañales) y llenamos la bañera con un
tummy-too o a la sazón, un cubo. Así, cuando empezamos a bañar a uno, un pasito
y pam, a la cama, a vestirlo. El segundo. El tercero. Y los tres en el mismo
espacio, tumbaditos e interactuando. Que si lloran? Off course… pero acaban tan
relajados y tan tumbados que es más controlable. Y sobretodo que con dos
almohadas a los lados puedo ir a la cocina y preparar, los biberones sin sustos
y sin ir pululando por la casa de cuarto en cuarto. Esto hasta los seis meses,
que ya empiezan a escalar y hay que recurrir a las alfombras de bebé y a las hamaquitas.
La verdad es que ellos se han
acostumbrado perfectamente, y ahora que ya tienen siete meses saben que entre
el baño y el momento del biberón siempre resta un espacio de tiempo que tienen
que esperar. Y se han hecho algo pacientes, no echaré las campanas al vuelo,
pero lo cierto es que han aprendido a esperar un poco.
Si uno de ellos tiene la piel más
atópica, lo mejor será bañarlo el primero para poder evitar el uso de jabones.
Yo utilizo un aceite y baños de avena (son sobres que se compran en cualquier
farmacia), pero de esto ya hablaremos en otro post en el que abordaremos los
problemas de las pieles en bebes múltiples.